"Hoy es otro día." Últimamente me repito muy a menudo esta frase. Son ya varios los días que paso sin dormir tranquila. Cuando te dicen que no hay peor demonio que la conciencia, pues es cierto, esa misma conciencia no te deja de juzgar, nunca para de juzgar.
A veces creo no encontrar palabras para lo que me pasa, pero en verdad es fácil de explicar cuando se está en frío: Estoy enamorada. Pero no es tan sencillo como parece. Yo estoy enamorada de una personalidad momentánea pero no de una persona en su totalidad, estoy enamorada del instante tierno y preocupado que me muestra, del lado más vulnerable que sobrevive en algún lugar del recuerdo de mi niño perdido.
Nunca va a ser simple porque yo misma no soy simple. Sólo sé que el deseo de enamorarme y que se enamoren de mí está más vivo que nunca y que deseo a alguien que sepa sentir tan intensamente como yo siento.
"No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe...
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias. Una a la que no le guste para nada ver televisión.
Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa"
-Martha Rivera Garrido.